Narrativa simbólica como referente de la realidad

“La vida interior del ser humano es un reino vasto y diverso”
Edward Hopper

Encontramos que tres aspectos subyacen en el trabajo de Leticia Sánchez Toledo: lo filosófico, lo místico y lo espiritual, concebidos en su entorno real. Lo espiritual como necesidad esencial; los demás por su interés de desbordar el pensamiento hasta registrar un cuestionamiento constante, insistente, centrado en los entresijos de la existencia humana. Sus trabajos muestran a sus personajes en un entorno cargado de imágenes. Lo humano, lo sensible, inherentemente interno, se descubre en ese espacio oportuno, pensado; porque, como lo expresa: no hay mejor escenario para el arte que la propia naturaleza.

La joven artista cubana ofrece un registro minucioso y apuesta a saber colocar ese elemento sorpresa que logra un evidente impacto psicológico en el espectador. Al dejar al libre albedrío la imaginación, se logra seguir el rastro, milímetro a milímetro, de ese espacio palpable y real ante la vista. Una propuesta sopesada, con un referente que se acomoda a la perfección en el hiperrealismo y que nos conduce por espacios animados que se constituyen en pura entelequia.

En su obra desarrolla un lenguaje de símbolos con la premeditada intención de lograr que el espectador se cuestione ante el lienzo y así busque respuestas; pero en ese juego fantástico logra impregnarse ella también como observadora infatigable. Observamos oportunas y significativas referencias de artistas sobre quienes ha expresado su admiración: como el británico Lucian Freud; los estadounidenses Andrew Wyeth, Edward Hopper, Winslow Homer y John Currin; y el cubano Julio Larraz.

Por ejemplo, de la pintura de Lucian Freud, que no deja indiferente a nadie y es conocido por sus retratos y desnudos hiperrealistas, descubrimos en los lienzos de Sánchez Toledo sus influencias por el uso de animales. Otro tanto sucede con Andrew Wyeth, considerado el pintor del pueblo o de la gente y quien trabajó en sus obras: la tierra, los paisajes y los habitantes de su región. Éste a su vez admiraba a Winlow Hommer, naturalista que desarrolló una pintura de reflexión sobre la naturaleza y su relación con el hombre. John Currin se caracteriza por un arte figurativo de una estética novedosa, cargada de ironía. Edward Hopper abrazó la pintura nítida y limpia, organizada en su composición; en tanto que Julio Larraz imprime a sus personajes esa doble lectura que Leticia reconoce en sus trabajos, así como lo figurativo y caricaturesco. Me tomo la libertad de valorar la palpitante influencia del conspicuo pintor belga, René Magritte, cuyo estilo e intención, su “realismo mágico”, ha influido claramente en la personalidad y la expresión conceptual de la artista.

Las obras de Leticia Sánchez Toledo atrapan, comprometen y tocan sensibilidades hasta volver cómplice y parte al espectador, porque con su mirada ha de plasmar la realidad en una serie de imágenes caracterizadas por esa sencillez cargada de duda, sentimiento poético y visión figurativa, elementos que, precisamente, le cautivan de los artistas que admira.

En su discurso se siente la evidente preocupación por la existencia humana. Así plantea sus propias dudas respecto a lo que somos y lo que podemos hacer, asumiéndolo como algo que surge desde que tiene memoria. Esa condición se convierte en una constante en la reconstrucción de recuerdos y sentimientos, que la guían por un camino hacia lo desconocido. Debe mencionarse que siendo su madre y su hermano artistas, y relacionándose con otros a su vez, creció tocando los tubos y las brochas, descubriendo que pintar le surgía desde su interior, condición que asumió profesionalmente como destino predeterminado.

Sus trabajos más recientes se centran en la figura humana, sin dejar de lado su preocupación por el ineludible paso del tiempo, vista por la artista como la apertura de una gran ventana donde el observador puede navegar por narrativas que expresan vulnerabilidad y el misterio de la existencia. Al trabajar varios estilos, explora diversos materiales y posibilidades que van desde lo tradicional hasta lo digital, reflejando, también, su interés por lo ilustrativo. La belleza, la naturaleza per se, la ironía vuelta imagen, todo en conjunto, nos revelan su fuerza expositiva, acunada en la figuración, consciencia que, estoy segura, nunca le abandonará.